En Sinaloa, el Día de Muertos no se llora, se celebra. Desde temprano, las familias se preparan para visitar los panteones, limpiar las tumbas de sus seres queridos y adornarlas con flores, arreglos o coronas. Se escuchan risas, música y el murmullo de quienes recuerdan con cariño a quienes ya partieron.
Desde Choix hasta Escuinapa, la escena se repite: los panteones se llenan de vida y de colores. Algunos llevan comida, otros cantan o rezan, y muchos simplemente se sientan a platicar frente a las tumbas, como si los suyos aún estuvieran ahí.
En los hogares también se montan altares con fotos, velas, pan de muerto y los antojos favoritos de cada difunto. Más que una costumbre, es una manera muy sinaloense de decir “te recuerdo y sigo contigo”.
Porque aquí, la muerte no asusta: se honra, se respeta y hasta se festeja con corazón y sabor local. 🍅✨