Si algo distingue a los sinaloenses, es la forma alegre de enfrentar la vida… y la muerte. Cada año, entre ofrendas y flores, también florecen las calaveritas, esos versos llenos de humor, picardía y cariño que se dedican a amigos, figuras públicas o personajes queridos.
Las calaveritas son una forma de reírnos de lo inevitable, con el ingenio y el sabor que solo el pueblo mexicano tiene. En Culiacán, la flaca no se quiso quedar atrás y se dio su vuelta por los surcos, donde se topó con nuestro querido Tomate Culichi. Pero en vez de llevárselo, terminó riéndose con su calaverita:
En los surcos de Culiacán,
bajo el sol bien sinaloense,
la flaca llegó gritando,
“¡este tomate indecente!”
Con sombrero y buena facha,
el Tomate contestó:
“Si vienes por mi salsita,
tráete un molcajete, parca.” 🍳
Los jornaleros reían,
entre costales y lichis,
“¡ni la muerte se resiste
a un tomate culichi!”
Y cuando el día se nubló,
la flaca se echó un ceviche,
“¡pa’ qué lo llevo al panteón,
si aquí vive bien sabroso este condenado bichi!” 🦐☀
Porque hasta la muerte, cuando pasa por Sinaloa, termina echándose un cevichito y bailando entre los surcos. 💃🍅